08/02/10

J.J.

Mañana se cumplirán 32 años de la partida de Julio Jaramillo. Cuando era niño en mi casa no se escuchaba mucha música de él, bueno en realidad no se escuchaba mucha música, la TV era la reina del hogar y en ese tiempo no tenía MTV cuando aquel canal aún era bueno -años valiosos perdidos-. La música de J.J. la conocí -o por lo menos tuve conciencia de quién fue- cuando viajaba en bus a Caluma, lugar donde vivían mis abuelos. Recuerdo que odiaba viajar allá en bus, siempre se llenaba de mucha gente con pollos y niños llorones, hacía mucho calor y por lo general me tocaba viajar parado ("Mijito, cédale el puesto a la señora, sea caballero).

En esos incómodos viajes la radio se atrevía todavía a hacerle play a la música del Ruiseñor, hoy sale cada vez menos pues vivimos en la dictadura del reggaetón. Y cuando la voz aguda de J.J. inundaba el bus como que las cosas cambiaban. Los niños seguían llorando pero el silencio del bus se perdía ante la presencia, tímida, de los murmullos que en realidad era la gente cantando, en voz baja, como entonando un concierto para sí mismos parecían recordar un pasado que se resistía a ser olvidado. Me pregunto qué estarían pensando esas personas mientras cantaban El Alma en los labios aquel entonces. Yo era aun un niño de 10 años y no lo cachaba pero me asombraba ver que una misma canción pudiera sacar lágrimas a unos y ligeras sonrisas a otros.

Luego, años después, cuando los programas de dibujos quedaron atrás y me inaguraba con las chicas -y cuando el dinero era más escaso y alcanzaba solo para Pedrito o un sixpack- las guitarreadas eran comunes y se podía ver como la globalización nos desbordaba al escuchar en un mismo set canciones de los Red hot chili peppers contrastadas con la-ahora insoportable- prosa de Arjona. Había de todo menos canciones de acá, solo al final, cuando el alcohol se acababa y todo daba vueltas aparecía uno a quien le habían roto el corazón -por lo general alguien que nos ganaba en edad- que agarraba la guitarra para consolarse con la tradicional letra de Nuestro Juramento.

Fue así que crecí, escuchando a J.J. no desde golden box, más bien desde general, luego de haber entrado a portazo. Nunca tuve uno de sus Cds en mi repisa, en la compu casi nunca se reproducía en el entonces Winamp, tardé en incluirlo en el ahora Itunes. Y me quedaba una sensación de culpa, de no saberlo valorar. La cosa cambió cuando una tarde me encontré con una revista amarillenta en casa de mis abuelos. Fechada en el año 88 se recordaba los 10 años de la muerte del Ruiseñor de América. Recuerdo que el texto hablaba sobre sus inicios, sus vicios, sus mujeres y sus posibles hijos regados por América Latina, y lo más importante sobre cómo se convirtió en un icono de la cultura ecuatoriana. Fue ahí cuando empecé realmente a cacharlo y a entender por qué 200 mil personas lo acompañaron en su despedida. Me interesé.
Luego me enteré que cada 9 de febrero en la puerta 13 del cementerio general de Guayaquil decenas de ecuatorianos se reúnen, a manera de tradición, a cantar y a chupar en honor a Julio Jaramillo. Se reúnen ahí a unos metros de él, como para que desde su morada J.J. se entere de que sigue más vivo que antes. 32 años no son nada para quien ha sido tocado por un pasillo, bolero, vals o yaraví cantado por J.J. Mañana será 9 y seguro habrá gente desde temprano en la puerta 13. Trataré de visitar así como lo hice hace dos años cuando estrenaba mi cámara. Pero doy por contado que mañana la voz del Ruiseñor estará presente en más de una esquina y de seguro en mi Ipod.

Más fotos del homenaje a Julio Jaramillo aquí.


4 comentarios:

Mafer Coello Urigüen dijo...

mi vida, me encanta tu blog! Y las fotos esta demas decirte que me fascinan! ;)

Manu Sava dijo...

;)

オテモヤン dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Eve dijo...

Manu, me gusta mucho esta entrada! no la habia visto hasta hoy. Me has hecho poner la piel de gallina a la distancia. Qúe grande J.J!!!
Gracias por recordarnos su valor.
;)